Roscas y tostado del Ribeiro

Non sabía saír do patio nin irme pró leito por ver en que paraba aquela audiencia, e senteime cabo da figueira a alcender os mistos portugueses que me quedaran, cando saíu o enano do castelo a mandarme que trouxera unhas roscas i un bico de tostado.

No sabía salir del patio ni irme al lecho por ver en que quedaba aquella audiencia, y me senté junto a la higuera a encender las cerillas portuguesas que me habían quedado, cuando salió el enano del castillo a mandarme que trajera unas roscas y un poco de tostado.

Merlín y familia

 

En La cocina gallega Cunqueiro dedica los primeros párrafos del capítulo de dulces a las tartas y a las roscas que se ven en todas las romerías gallegas, asegurando que el mejor acompañamiento para las mismas es el tostado del Ribeiro, vino que el enano le pide a Felipe de Amancia en ese capítulo en que se trata de la viga de oro “sobre la que se asienta el segundo arco de la tierra”. Según cuenta más adelante, las roscas “eran de Santa Clara, bañadas en almíbar por mi ama doña Ginebra?.

Las roscas aparecen en otros pasajes de la obra de Cunqueiro, como en el capítulo dedicado a Braulio Costas en Los otros feriantes. El tal Braulio, alfarero de profesión, tenía gran reputación por los exvotos de barro que hacía… cuando le daba la gana. El último que hizo fue para Manoliño, que lo llevó al nicho del niño que representaba el exvoto, un ángel con alas abiertas en las espaldas.

A Braulio Costas le había llegado al corazón el gesto de Manoliño, que un día al salir de la misa le dio la mitad de la rosca que estaba comiendo después de negarle un bocado a su propia tía. ¡Cosas de niños!


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