Lamprea, princesa verde

Ha remontado los ríos galaicos la lamprea. Trae en su carne la canela de los bosques submarinos, y acaso por el sabor de la lamprea sepamos el de los besos de la sirenas.

La lampresa, esa princesa verde. Vida Gallega, febrero-abril de 1963 (recollido en Viajes y yantares por Galicia).

Comienza con estas frases el artículo de Cunqueiro sobre la lamprea y en dos páginas y media de libro hace el mindoniense un recorrido por toda la geografía gallega de la lamprea y por todas las formas de comerla que aquí teníamos en 1963 y, aunque cambiaron mucho las cosas, cualquier amante del más estacionario de nuestros pescados puede ver que en muy pocas palabras Cunqueiro reúne un auténtico tratado de la lamprea gallega, difícilmente superable por libros de muchas más páginas.

Habla de las disputas sobre la calidad de las lampreas del Miño y del Ulla, y cita también las del Tambre, desaparecidas del mercado a causa de una presa hidroeléctrica que dejó los pescos río arriba del muro de hormigón.

No se decanta por unas u otras, lo mismo que no lo hace por una preparación en concreto, citando los guisos de lamprea fresca y curada de Arbo, la bordelesa de Tui, las empanadas de Padrón, Noia o Caldas de Reis, en realidad timbales en muchos casos.

No se decanta Cunqueiro en este artículo por una receta en concreto, pero sí sobre algunos aspectos de su consumo, y así asegura que “yo estoy con los que piden un Burdeos para la lamprea”. De no haberlo le vale un caíño.

También se pronuncia en favor de una lamprea poco especiada, cocinada con cebollas dulces (“una cebolla agria corta la sangre del petromyzon”) y guisada con un tinto “taninoso y pintor”.

Finaliza asegurando que los romanos comieron muy mal la lamprea por culpa del garum. ¡Allá va un mito!.


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