Capón de Vilalba

Ao día seguinte do San Martiño, meu amigo Leiras de Parada, un bigotudo serio, mete os capóns nas capoeiras para o segundo e derradeiro tempo de ceba. E si ben os habitantes das capoeiras da Terra Cha, alimentadas co pedido, sin poder moverse, recibindo o calor da cociña, xa adormecen doado, os bos criadores danlles de propina, unha ou dúas veces ao día, tras as pelotas do amoado, media copiña de viño doce. De viño que por aló chaman de Getafe.

Al día siguiente del San Martín, mi amigo Leiras de Parada, un bigotudo serio, mete los capones en las capoeiras para el segundo y último tiempo de ceba. Y sí bien los habitantes de las capoeiras de la Terra Cha, alimentadas con lo pedido, sin poder moverse, recibiendo el calor de la cocina, ya adormilan fácil, los buenos criadores les dan de propina, una o dos veces al día, tras las pelotas del amoado, media copita de vino dulce. De vino que por allá llaman de Getafe.

Leiras da Parada. Xente de aquí e de acolá.

 

Cuenta Cunqueiro en este relato sobre el viejo sistema de ceba de los capones vilalbeses, sistema que ya no se practica o se hace en casos muy puntuales. Hoy los capones, metidos en la capoeira por San Martín, se alimentan de maíz molido y agua limpia hasta el día de la matanza, pocos días antes de Navidad.

Son las consecuencias de más de treinta años de modernización del país.

Cunqueiro ya había escrito en 1946 sobre esta manera de criar capones cuando habla del Pozo do Goiro la taberna de Triacastela que forma parte de los artículos con los que comenzó la inacabada historia de las tabernas gallegas.

El mindoniense escribe entonces sobre la tortilla de chorizo que cenaron en aquella taberna y la historia que les contó el Goiro mientras la mujer amasaba el embullo para cebar los cuatro capones que tenía enjaulados al pie del escaño.

Después de tragar su comida, el Goiro les dio unas gotitas de moscatel y dijo: “el vino les da sueño”.

Los capones, o mejor dicho, la feria anual de Vilalba, le sirven para iniciar un nuevo relato en Xente de aquí e de acolá, dedicado a Bertoldo de Reades: “Si este año vuelvo a la feria de los capones a Vilalba, seguramente que lo veré y echaremos un parrafeo”, escribe Cunqueiro antes de contarnos de la vida del tal Bertoldo, que había comenzado a cojear cuando encontró en el camino a tres cojos con un paraguas que le dieron abrigo y resultaron ser gente bien rara porque, cerrado el parapluie, volaron por entre las ramas de un castaño, lo mismo que los cuervos que se habían posado en las ballenas del paraguas mientras estaba abierto.

El trinchado del capón también era una de las especialidades de Matías Vello (Escola de menciñeiros), quien siempre se ofrecía a cocinar en las casas donde lo convidaban y daba lecciones de compostura en la mesa, citando pensiones de Vich y de Tortosa, y mostraba como se cogía el cuchillo.

En A cociña galega dedica Cunqueiro un capítulo entero a los capones, y habla de asarlos al espeto con un adobo de limón y ajo, o al horno, rellenos de manzanas, pasas y castañas, para terminar asegurando “Yo voy todos los años de Dios a Vilalba… a la feria de los capones”.


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