Tiempo de magostos y difuntos

Sobre el camino compostelano, a una legua corta de Triacastela. Vareamos un castaño, esvilamos los erizos y preparamos un magosto. El Goiro puso ante la hoguera una jarra de mimbre que llevaría como obra de media cántara.

¡Non é auga do pozo, señorito!

El Pozo del Goiro. (Finisterre, mayo de 1946. Recogido en El Pasajero en Galicia).

Cuentan los antropólogos que el magosto es la gran comida ceremonial de difuntos en Galicia. Atrás quedan numerosas costumbres funerarias ya desaparecidas y siempre relacionadas con la comida, como van quedando ya, a causa de la proliferación de tanatorios por todo el país, los velatorios domésticos en que amigos y familiares velaban al difunto con profusión de comida, bebida y hasta a veces un punto de fiesta.

A muchos les chocará esa costumbre norteamericana que vemos en las películas con convites en la casa del difunto después del entierro. Aquí hasta no hace mucho se invitaba con el muerto de cuerpo presente.

¿Cuánto hay de estas costumbres gallegas y europeas (porque seguro que se repiten en otros muchos lugares) en fiestas tan conocidas hoy como las mexicanas?. ¿Cuánta tradición gallega llevó a México el franciscano Sebastián de Aparicio, natural de A Gudiña, al que se atribuye la fundación del Día de los Muertos?.

En casi toda Galicia el gran día de los magostos es el 1 de noviembre. A lo mejor la gran excepción es el ayuntamiento de Ourense, donde lo dejan para el día 11, San Martiño, patrón de la ciudad.

En otro tiempo los gallegos comían las castañas preferentemente cocidas, que era como se consideraban un alimento cabal. Asadas tenían la consideración de lambetada, de golosina para cuando no había más que hacer… menos en el día del magosto, claro está, en que se convertían en la estrella. Y cocidas se comían en caldo, caldo de castañas, que no es ni se parece al caldo gallego de grelos (o de cualquiera otra verdura), aunque el mito…

También se comieron, y seguro que aún se comen, acompañadas de leche y azúcar, que fueron cena común en las villas y aldeas hasta no hace mucho tiempo, o en compañía de arenques.

Hoy las cosas cambiaron y se pueden ver en la guarnición de algunos platos, especialmente ahora que estamos en temporada de caza. Y están en marrons glacés, de los que Galicia es gran productora, en cremas, mermeladas, bombones,  helados, con vino, tartas del Laurel y hasta en aguardientes que solo se pueden comprar en Japón, ya que las cuatro o cinco mil botellas que en Ourense se producen cada año del Kouri Sochu solo están presentes en el mercado japonés.


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