Lampreas afrodisíacas

A San Andrés de Teixido ya fui; así que, tras la muerte, Deo volente, no me queda más viaje que éste de Padrón. Meditando en ello fui adonde me dieran de comer lamprea: ya tengo dicho que la lamprea es el peso que dejan las aguas del Mino y del Ulla al cabo de tantas leguas de navegación. Lamento no tener erudición bastante para entrar en la polémica de la lamprea; con el señor marqués de Armonville asiento que es bocado adulto y especioso, pero con Rollantin ignoro si produce esas flatulencias de que habla el recetario del cardenal de Amboise, y que hace que la lamprea sea plato nada propio para flautistas y tocadores de oboe…

Padrón. Faro de Vigo, 6 de maio de 1952 (Recollido en El pasajero en Galicia)

Se fue Cunqueiro en un final de febrero de 1981 pero sigue Cunqueiro entre nosotros, presente mil primaveras más a través de su obra inmortal. Un día más y el mindoniense hubiera llegado al mes de marzo de aquel año de 1981 y con eso a la mejor temporada, según los dichos populares, de un pescado que él supo definir como nadie: la lamprea, que en marzo es para el amo y en abril para el criado.

Otro dicho popular avisa contra la lamprea cucada, consumida después de que el cuco avise de la llegada de la primavera; y fue el cuco uno de los pájaros permanentemente presentes en la literatura cunqueiriana, que el escritor gustaba de anunciar cuándo y donde lo había escuchado por primera vez cada año, dato que nos ofrecía a través de sus artículos periodísticos. Murió Cunqueiro cuando las lampreas subían por el Miño aporta hacia los pescos de Salvaterra y Arbo unas, y a consumar su sacrificio después de la cópula aguas arriba otras. Un sacrificio que cada año se repite y permite que el ciclo gastronómico de este pescado, más antiguo que todas las civilizaciones conocidas, se renueve.

El escritor de Mondoñedo, nacido cerca de las tierras donde nace el Miño de las lampreas, gustó de este pescado, y dejó escrito repetidas veces su gusto por el mismo en las distintas preparaciones con que se cocina en Galicia, desde las empanadas (“no me no canso de decir que las mejores siempre las como en Caldas de Reis”, escribió en A cociña galega) hasta la lamprea curada, que sigue consumiéndose en Arbo y que para Cunqueiro debe de ser la manera más antigua de cuantas existen en Galicia para consumir este pescado.

Efectivamente, la lamprea curada y cocida con verdura, o rellena de más lamprea y huevo cocido, viene de antiguo, pues ya a comienzos del siglo XVII Francisco Martínez Montiño, cocinero mayor del rey nuestro Señor, incluye en su libro Arte de cocina, pastelería, vizcochería y conservería la receta de la lamprea en cecina, es decir seca y curada, que debe remojarse y después guisarse con una salsa hecha de cebolla frita, sazonada con especias, vinagre y vino tinto y ligado con harina. Se sirve sobre rebanadas de pan tostado. Martínez Montiño, cocinero del que se sospecha el origen gallego, también incluye en su libro las recetas de la lamprea asada y de la empanada de lamprea.

Pero ya en el siglo anterior Ruperto de Nola (1525) habla de la lamprea en pan y antes que él Martino de Cómo (finales del siglo XV) dice que este pescado se puede asar al espeto o cocinar con media nuez moscada en la boca y en cada uno de los agujeros de la cabeza un clavo. Se coloca el pescado en la cazuela formando una rosca y se pone aceite, agraz, vino blanco y su sangre.

Otros muchos autores se preocuparon de la lamprea en los siglos posteriores: Juan de Altamiras, Muro, Picadillo, la Condesa de Pardo Bazán, hasta llegar la Cunqueiro, que a todas las virtudes culinarias del pescado sumó pocos años antes de su muerte otra no menos despreciable: el poder afrodisíaco.

En un artículo publicado en mayo de 1977 Cunqueiro asegura que está admitido el poder afrodisíaco de la lamprea, cosa que en su opinión conocían de sobra los romanos, máximos aficionados a este pescado que hubo en la historia, seguidos de cerca de los gallegos, portugueses y bordeleses, en palabras del maestro.

Pues bien, se admite que la lamprea es afrodisíaca, y se sospecha que ya lo entendían así los romanos, los máximos aficionados a la lamprea que haya habido jamás, aunque seguidos muy de cerca por gallegos, portugueses y bordeleses. Pero también se admite que la lamprea cocida, o mejor un como consomé de lamprea, es somnífero.” escribió Cunqueiro en un artículo de la Serie Sal y Pimienta, en la revista Primera Plana, (nº 11 13-19 mayo 1977) recogido en el libro La bella del dragón


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