Tortilla de chorizo

Sostiña que cando o fígado suda aire, a cousa pódese torcer de todo. Drento do corpo temos ventos, nordés, vendaval, xistras e foulas quentes, i o de drento abaneáse nunha ou noutra parte asegún o vento que esteña soprando. Pardo gastaba tamén moito viño de Málaga. Cando se sentaba a escribir a receita, anque foran as doce do día, mandaba acender unha vela. Adoitaba cobrar tres pesetas: seis reás por mirar o enfermo i outros seis por escribir a receita. De propina ademitía unha tortilla de chourizo ou de xamón, i un vaso de viño. Iba a Romariz a visitar dez enfermos, poño por caso, e dez eran as tortillas que papaba.

Sostenía que cuando el hígado suda aire, la cosa se puede torcer de todo. Dentro del cuerpo tenemos vientos, noreste, vendaval, xistras y foulas calientes, y lo de dentro se mueve en una o en otra parte según el viento que esté soplando. Pardo gastaba también mucho vino de Málaga. Cuando se sentaba a escribir la receta, aunque fueran las doce del día, mandaba encender una vela. Solía cobrar tres pesetas: seis reales por mirar el enfermo y otros seis por escribir la receta. De propina admitía una tortilla de chorizo o de jamón, y un vaso de vino. Iba a Romariz a visitar diez enfermos, pongo por caso, y diez eran las tortillas que papaba.

Escola de menciñeiros.

 

Debieron ser la tortilla de chorizo y la de jamón platos del gusto de Álvaro Cunqueiro, que con frecuencia los lleva a sus páginas.

Este párrafo de Escola de Menciñeiros habla de Pardo das Pontes, sanador que según Cunqueiro era muy leído y para darle solemnidad a la receta “acostumbraba a meter entre el nombre del medicamento y la dosis un ‘verbigracia’. Escribía: ‘Láudano, verbigracia, veinte gotas’”.

De Pardo das Pontes y sus tortillas escribió Cunqueiro en Escola de Menciñeiros, pero también lo hizo en la revista Tribuna Médica (recogido en el libro Viajes imaginarios y reales), en un artículo titulado Los vientos interiores, que en lo básico coincide con el capítulo correspondiente de Escola de Menciñeiros.

Escribe también Cunqueiro de la tortilla de chorizo en uno de los artículos con que pensaba empezar la nunca acabada historia de las tabernas gallegas. En el artículo dedicado a El pozo del Goiro (publicado en la revista Finisterre el 28 de mayo de 1946 y recogido en el libro El pasajero en Galicia) el mindoniense habla de la tortilla de chorizo allí encargada por un tratante de Friol en un día de lluvia “dócil, lenta, constante, fría”.

Y también comió el autor esta tortilla en el viaje que hizo por el Camino de Santiago escribiendo para Faro de Vigo. Fue en Triacastela (El viaje a Triacastela, Faro de Vigo, 16 de octubre de 1962, recogido en el libro El pasajero en Galicia). Allí hubo que “contentarse con unas magras de jamón, unas latas de bonito, una tortilla de chorizo. El chorizo eres estupendo. El vino es un leonés áspero y chato”. Mientras cenan, dice Cunqueiro, la pousadera se lamenta de que el día anterior tenía una tartera de cabrito y nadie fue a cenar.


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